Querido Charles:
A su pregunta de su anterior carta, mi respuesta es que nunca se puede ser completamente feliz, siempre hay algo que te hace tener los pies en el suelo. He perdido toda capacidad de sentirme plenamente feliz. Soy feliz, no me entienda mal, pero no plenamente, ese es el gran escollo, y Ud. como persona joven comprendo que no lo acepte. Yo también era como Ud., una persona idealista que creía que todo el mundo era bondadoso y, a veces, justo, pero con los pasos de los años, he ido comprobando que poner elevadas metas sobre los hombros de las personas, es un error de cálculo. Eres un soñador, un idealista y por eso le tengo tanto aprecio, Charles. Yo, sin embargo, he perdido la capacidad de, además de sentirme plenamente feliz, la capacidad de soñar, de creer en las promesas. He visto demasiado como para darme cuenta que es inútil esperar grandes cosas de los hombres, las expectativas a tales respectos solo crean dolor en mi corazón. Ud., como alguien que cree todavía en los hombres, en la bondad de su corazón, al leer estas palabras sentirás que me he abandonado al desencanto y a la antipatía. Tal vez sea así, mi querido Charles. Pero Ud. tiene la suficiente capacidad de raciocinio para entender mis palabras y Ud. es lo suficientemente sensato para crearse una opinión sin que influya mis pensamientos negativos en su propio pensamiento. Con todo esto quiero decirle, querido amigo, que no se desespere porque nadie más le conteste o le siga en sus empresas, confíe en Ud. y no en los demás, no espere que la gente le responda, y sobre todo, no se desespere, mi buen amigo.
Siempre suya,
Caroline.